Cultocio.
Entendiendo al ocio como el espacio del alma, el espacio dedicado al espíritu, al desarrollo y crecimiento de las artes y el cuerpo.
El tiempo del no-tiempo, el del entendimiento de que somos un instante y que producimos más allá de lo que nuestros cinco sentidos concretos perciben. Pertenecemos también al espacio de los sentidos sutiles.
Y de que imaginar un mundo mejor hoy es posible y de que eso hará que mañana sea realidad.
Culto. Porque en cada instante se cultiva, agradece y cuida al hombre como un ser especial. El hombre se rinde a la tarea de trabajar con imaginación, creatividad e ideas que mejoran las anteriores por un mundo mejor. El hombre rendido al ocio, al alma.
Le rendimos culto a ese tipo de ocio.
Amocio.
Porque amamos el ocio entendido como tal.
Corazón, cabeza y manos. Afecto, intelecto y cuerpo.
El corazón como símbolo de la entrega, del dar sin esperar contrapartida, sin contraprestación. Esto es fuerte para el mundo de los negocios. (El señor Mercado no se si puede entenderlo hoy tal como ve el mundo)
Poner el corazón en lo que se hace. Amar la actividad, trabajar con espíritu de trascendencia. Hacerlo con afecto.
Además del intelecto, simbolizado por la cabeza y el “manos a la obra”, simbolizado por el cuerpo. Hacerlo con amor, entonces, amocio.
Arte económico.
Es obvio, el arte es el mejor negocio que un pueblo pueda hacer.
2neg.
Si el neg-ocio es la negación del ocio. Haremos neg-neg-ocio, haremos creatividad.
En matemáticas cuando multiplicamos un número negativo por otro negativo el resultado es un número positivo. Negamos lo negado.